viernes, 13 de enero de 2017

Vasos vacíos

-Disculpe Sr, ¿Podría llenarlo?

Qué aburrido debe de ser hablar con alguien que ve la luna como una simple roca blanca suspendida en el cielo. Alguien que no sea capaz de imaginar un elefante en las formas que dibujan las nubes; ni que se atreva a pedir deseos a las estrellas, por miedo a que no se le cumplan.
Qué indiferente debe de ser aquella persona que ignora los susurros del viento en la noche y los confunde con simples lamentos. Aquella que observa una planta y no conversa con sus raíces, o que se sienta bajo un árbol y no acaricia sus ramas, sus hojas, sus flores.
Qué pena aquel que no planta una semilla para no desequilibrar el orden impuesto. Aquel que no ríe a carcajadas para no molestar a los sordos del corazón y a los muertos; ni da la mano, por si acaso en una de esas se aprovechan y lo agarran de los pies. Aquel que cubre sus ojos con un antifaz para ocultar lo que no quiere ver.
Qué repulsión me genera aquel que silencia al más pequeño porque sólo da por segura y verdadera la opinión del más grande. Aquel que se adelanta y empuja al débil, para que no retrase al que va detrás y es más fuerte; y el que aplasta y humilla al diferente, para que no se mezcle con los iguales.
Qué inhumanos debiéramos ser para correr la vista hacia un costado y fingir que nada de esto está pasando. Para pintar la escenografía de azul claro, cuando detrás inunda el negro indiferencia y nos cubre las manos, los pies, el cuerpo, los oídos y la lengua.
Qué crueles debiéramos ser para no asumir que si lastiman al otro nos sangra la herida a nosotros.
Cuánto poder, cuánta riqueza nos han hecho creer que tenemos y sin embargo acá estamos, mendigando migajas de compasión, de cariño y de afecto. Cuánta pobreza habrá en el alma del que cree que con dinero puede solucionarlo todo, cualquier inconveniente, que con un regalo es suficiente y no es capaz de pararse frente a un espejo y preguntarse si ese no es el verdadero problema.
Cuánta ignorancia debe llenar mi vaso, por tomar lo que no es mío y hacerlo nuestro. Por hacerme cargo de lo que fui y decir que es lo que pienso.

-Otro trago, por favor.
Pero esta vez, desbórdelo.   


  

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