martes, 15 de agosto de 2017

El mejor lugar en el que he estado

 Y lo mejor de todo…
¿Sabes qué fue lo mejor de todo? ...

 Dijiste que nunca habías conocido a alguien como yo. 

Y yo estaba ahí, sentada en un rincón de la habitación, escuchándote. 

 Nos recuerdo caminando por la avenida principal, en horas de la tarde, hablando de todo aquello que nunca hablaríamos con nadie más, cuando de pronto paraste. Te escuché decir “Sos la primera chica que no se detiene a mirar un par de zapatos”. Reí y seguí caminando. Observé mis desgastadas zapatillas, pensando que tal vez durarían un par de años más. Luego levanté la vista. Me detuve justo enfrente de una librería.


 Mencionaste no haber conocido nunca a nadie que cargara tan pocas cosas en una mochila como lo hacía yo. Te pareció extraño que probase el sabor de viajar en solitario y más raro aún, que no sintiese temor de hacerlo. Pero para mi no lo fue. Yo no creo necesitar demasiado. 


 “¿Por qué confiaste en mi?” Me cuestionaste luego, mientras subías un escalón detrás de mi. Y yo te respondí con otra simple pregunta: ¿Por qué no debería haberlo hecho?. 


 Era de madrugada ya, estábamos en silencio. Quisiste saber si alguna vez me quede con alguien en una habitación a oscuras, sin hacer nada más que sólo dormir. Yo cerré los ojos y te dije “Hasta mañana”. Luego los abrí y me encontré haciendo cualquier otra cosa, menos dormir.


 -¿Cuál es el mejor lugar en el que has estado?“¿El mejor lugar en el...?” pensé. Tus palabras se repitieron como un eco dentro mío, incluso hasta el día de hoy lo hacen. Debí responder rápido, seguro que lo hice, sin pensarlo demasiado bien, porque recuerdo no ser lo suficientemente honesta. Quisiera serlo ahora, porque sigue dando vueltas en mi cabeza.
El mejor lugar en el que he estado... estaba pasándome, justo en ese momento. Allí, bajo la luna brillante y el cielo estrellado, en un camino de tierra y de barro, escuchando como rompían las olas el silencio, deseando que nunca acabará.

 Y lo mejor de todo…

 Te dije que nunca había conocido a alguien como vos.
Estabas ahí, sentado en un rincón de la habitación, mirándome. 

 Me recuerdo caminando por la habitación, dejando huellas en el suelo de tanto que ande y ande. Hacía frío y estaba nerviosa.
Llegaste. Hacía más de tres horas que te esperaba ver. 
Y al fin, tarde, pero llegaste.

 Estabas conduciendo, eran las dos de la madrugada. Habíamos dejado atrás el incómodo silencio y la desconfianza. Hablé de mis sueños y vos hablaste de una casa en la playa.

Te confesé un secreto, algo que nunca antes había dicho.
“Estás loca” susurraste.“Ya lo sé. Si no lo estuviese no habría venido” respondí, mientras te reías y yo también. 

 El tiempo estaba pasando y nos dejaba atrás. Era nuestra última noche luego de unos días preciosos. Tomé mi libreta y escribí un par de notas. Las esparcí por toda la habitación, deseando que algún día las encontraras y te acordaras de mi. Aún deseo que lo hagas.   

 Apagaste la luz. Te pedí un favor, que te quedarás conmigo hasta la mañana siguiente. Me dijiste que no hacía falta que lo hiciera, que ni loco me dejarías sola. 


 Lo recuerdo, yo estaba a tu lado cuando vinieron por mi. Te abrace una vez, camine unos pasos, miré hacia atrás y corrí a abrazarte de nuevo.

Me despedí, tenía que hacerlo. Miré por el cristal que nos separaba y te vi. Dije adiós con la mano, lo recuerdo, seguías parado allí. Dijiste adiós con los labios. Sonreí. 

Y lo mejor de todo…

¿Sabes qué fue lo mejor de todo?... 

 Hoy me encuentro a una distancia imposible de acortar, a cientos de kilómetros. Y pienso que tal vez debes estar loco. Debes estarlo por haberme dejado acá. 

 No estoy triste. Simplemente debo acostumbrarme a la idea de que nunca existirá un nosotros para nosotros dos. Y eso no es triste en absoluto. Eso no es decepcionante, no. No es trágico, no es doloroso. 
  Las cosas bellas no duran para siempre, lo sé. Y eso no es triste. Eso no es decepcionante, no. Yo sabía que nada de esto duraría, sé que lo sabías también. Pero aún así, jamás hubiese dado marcha atrás. 
 Viajé quinientos kilómetros sólo para verte, y luego viajé otros quinientos más, para volver y separarnos. Y eso no es trágico. No es doloroso, no.
 Aprendí que las mejores personas están de paso una vez en la vida y luego ya no. Y no podría perder el tiempo en otra cosa más que en apreciarlas, amarlas, recordarlas. Y yo… yo volví segura de haberlo hecho. 

 No puedo deshacerme de las cosas no dichas, por eso decidí escribirte. 

No quisiera olvidar jamás los momentos que compartimos. 
Ojalá vos tampoco lo hagas. 
Espero que sepas que grabarte en papel para mí es mantenerte vivo.

Y lo mejor de todo…

fue haberlo hecho.

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